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jueves, 9 de enero de 2014

LAS CONSTITUCIONES DE ANDERSON: ALGO MÁS QUE UNA QUERELLA (extracto)



La “Querella entre los Modernos y los Antiguos” es toda una asignatura pendiente en España, y lo cierto es que nunca acabé de entender del porqué de ese olvido, cuando en realidad explica buena parte de nuestra historia como masones, e ignoro las razones por las cuales el debate no ha tenido eco en nuestro suelo patrio, aunque barrunto que por un lado ha funcionado la barrera de los Pirineos y por otro da la sensación de que se ha querido huir de las reflexiones conceptuales filosóficas e historicistas, (...) de ir preguntándose diversas cuestiones de cariz masónico y sus raíces y verosimilitud; lo que nos viene a demostrar la poca preocupación, aun hoy, al respecto de cuestiones que pudiéramos calificar como temas historicistas masónicos.


No puedo negar que me queda la duda, y más cuando estamos en pleno siglo XXI, y tenemos un acceso casi universal a la cultura y manejamos lenguas, que este tema de la “Querella entre Antiguos y Modernos”y la propia historia y sus actores, y un libro tenido como capital The Constitutions of the s Franc-Masons, o sea las llamadas Constituciones de Anderson, todo ello sigue quedando enterrado en el lado oscuro de nuestra historia, esa historia que no escribimos, pero que tampoco parece preocuparnos por que no se escriba o se conozca, o nos la den como edulcorada.

Es verdad que en parte seguimos ajenos a nuestra propia historia y aceptamos tópicos en virtud de ser la común expresión de las Obediencias y de algunos popes, sin embargo habría que hacerse la siguiente pregunta: ¿Dónde está la historia heterodoxa de la masonería?


Personalmente me extraña que hombres que estamos sujetos al espíritu crítico como hijos de la razón que somos, no se hagan estas mismas preguntas, ni cuestionen determinadas tesis o propuestas historiográficas que a un simple Maestro Masón de provincias , como el que esto escribe pues le hacen removerse en la silla. 

No nos podemos conformar como Hijos de la Razón que nos consideramos con masticar tópicos, o medias mentiras o verdades dichas a medias, y traspasarlas sin inmutarnos en logia, cooperando a construir una historia fantasiosa, y llenas de chimes que hieren la razón., y por tanto no podemos seguir sin colocar algunos textos y leyendas en el crisol crítico de la razón, y negarnos a concluir que Adán y el bisoño Noé nada tienen que ver con la Masonería por más que su presencia sea alegórica-simbólica. 

Ese es mi empeño desde hace años, y se inserta en una lección agustiniana tan simple como “ver y comprobar”, y demostrar no por lo que diga uno mismo, sino mediante la aportación de trabajos de eruditos y estudiosos, hasta que punto nos hemos creado una historia “rosa”de la masonería, en la cual algunas cosas rechinan, y otras nos dan bastantes quebraderos de cabeza, cuando su realidad esencialista vista o analizada desde perspectivas críticas colaboran a despejar bastantes cuestiones que nos complican la vida.
Anderson

Es todo un trabajo de revisión histórica de la masonería que están rescatando con valentía masones y no masones, lo cual tuvo sus comienzos allá por la década de los 1950 y 1960, cuyo movimiento se generó desde las mismas filas de la GLUI, algunos de sus integrantes tras un atento y largo estudio de documentos comenzaron a poner en cuestión algunos de los tópicos históricos que manejamos en masonería y que por ejemplo dieron lugar al libro de Roger Dachez de la “Masonería Inventada” .

Por tanto hay que decir que la “Querella” nace de una distorsión histórica que se articuló para conformar y conformarse con el stablisment político religioso dadas las guerras de religión que mediaban en esos momentos, es un tema largo y complejo (...) pero que deja muy patentes y relatadas de forma documental, y lo hace alguien tan poco sospechoso de herejía masónica como Patrick Negrier, que nos viene a demostrar cómo todo ello incide en los rituales y como no en los desarrollos logiales; personalmente recomiendo algunos de sus libros en los cuales incide, una y otra vez en las temáticas de la ofensiva del anglicanismo, frente a otras corrientes religiosas protestantes que pugnaban en esos momentos en las logias y en el ambiente general de Inglaterra y que dan pies ciertos cambios y corrientes que se observan luego en las logias y de las cuales somos herederos. 

Varias de las figuras que siempre me llamaron la atención fue las de Anderson y Desaguliers y sus membresías clericales, y más si cabe la figura tan agigantada de Anderson, al menos a la vista de un aprendiz masón como el que esto escribe, era por tanto una figura extraña ya que se iba tornando huidiza cuando se le buscaba por los textos españoles, en los cuales se le pinta de forma tópica y generalista si se aceptan a pies juntillas sus propuestas metodologías y legislativas como el catecismo ontológico de la masonería, sin embargo cuando se manejan fuentes francesas e inglesas como referencia, uno empieza a darse cuenta de que hay muchos claros y oscuros, no solo en las figuras de los promotores de las Constituciones de los francmasones, sino en el mismo texto andorsiano.


En contraposición con esta postura de no cuestionar cosas que nos atañen, como es la figura de Anderson” contrastan vivamente que se da en otros ámbitos masónicos, a este respecto conviene no olvidar de que en 1905 un reputado miembro de la “Quator Coronati” Ch. Crawley comentaba que “a lo largo de todo el volumen de Anderson, este era muy denso, oscuro y desesperadamente estúpido”; de esta guisa se expresan R.F. Gould; H. Sadler; W. Begemann, este último por ejemplo acusa a Anderson de “falsear deliberadamente los orígenes y no ser fiel a las versiones originales”; el propio Wirth hace una demoledora descalificación de Anderson y hasta critica a la Gran Logia de Londres por haber dejado en manos de Anderson su prestigio con semejante obra; Lewis Edwars, también miembro de la “Quator Coronati” pone en evidencia los oscuros orígenes masónicos de Anderson, deja claro su interés de cara a la Orden, “ siempre subordinado a sus propias motivaciones y gloria y ambición”.

De este modo tenemos un amplio repertorio de autores como Le Forestier D. Knoop,o Daniel Ligou, a los que se ha de sumar el listado ya comentado de autores críticos, aunque no debe olvidarse que será M. Paillar quien escriba en un trabajo interesante pero de muy difícil acceso “La francmaçónnerie et le GDAU,. destructeur de son ideal” quien abra toda una brecha en ese sentido de analizar la figura de Anderson y su obra. 

En este juego de noblezas heráldicas que introduce Anderson en las Constituciones Masónicas, yo no las calificaría de Anderson, que me parece un impostor ya que no sólo traiciona el concepto que deseaba imprimir Desaguliers, y la Royal Society del espíritu abierto que se planteaba con la opción de la religión natural, como punto de partida para el encuentro del creyente, del agnóstico e incluso del ateo doctrinal, dejando al margen al ateo estúpido, tal como han venido trabajando en sus diferentes libros Patrick Negrier.

Volviendo a mal llamadas Constituciones de Anderson, si las analizamos en conjunto y hacemos un estudio comparativo como lo hicieron Paillar o Mereaux o el propio Ligou, vemos que Anderson mete la mano en el cajón historiográfico de otros autores y “construye” una genealogía muy propia e interesante, pero para sus propios intereses permitiendo además que la Gran Logia de Inglaterra se reclamarse como la auténtica heredera de la “Tradición Masónica”[1].

Como veíamos en el post anterior, la famosa genealogía que Anderson se saca de la manga, para adornar nuestra historia servirá a la “regularidad” como excusa para ahondar en ese cierto espíritu tradicionalista y cristiano y hasta operativo que nos muestra el abate Anderson, y a cuya tradición se empeña la propia “regularidad” en enraizarse y en reinterpretarla a su conveniencia pese a que los avances historiográficos nos están indicando que esa operatividad de las logias, o esa historia de la transición no fue tal. Además esa pretensión de la rama más ortodoxa de masonería va a contrastar vivamente con la segunda parte de estas Constituciones, llamadas de Anderson, “las Obligaciones del Francmasón y los Reglamentos Generales”, que no vienen de la mano de Anderson sino de Desaguliers.
 Desaguliers

Es más, la codificación en la que se basa la “regularidad” de 1929 es la negación misma de las Obligaciones del Francmasón y los Reglamentos Generales, en los cuales queda nítidamente mostrado que se “aspira a establecer la fraternidad entre los hombres irrevocablemente ligados por la voluntad revelada de un Creador“ sin que por ello esa figura tuviera alguna esencia más allá de una “declaración de reconocimiento” basada en un espíritu ecuménico que describe Negrier en su libro “Eclecticismo Masónico”, donde nos expone que el paso del catolicismo al anglicanismo es como bastante insensible en los “Old Charges” mientras que el pasaje de ese anglicanismo imperante a la religión natural es como más evidente en las Constituciones; y es por ello que ese cambio, esa tensión que se halla en las Constituciones entre Operatividad y Ecumenismo debemos tenerla en cuenta porque será lo que condicione toda nuestra historia. 


Las Constituciones de los Francmasones ó las Constituciones de Anderson, y todos sus
cambios.

Estos textos legislativos fueron publicados para su uso de la Gran Logia de Londres, fundada precisamente en Londres en 1717, y bajos los auspicios fueron editados en 1723, 1738, 1756 en 1767 y 1774, que será la última que los publique la Gran Logia de los “Modernos”. 

Estas Constituciones constas de tres partes: 1ª sección histórica, una 2ª dedicada a la parte disciplinaria dividida en otras dos partes: las Obligaciones del Masón, y Reglamentos Generales de la Orden Masónica, y una 3ª dedicada al tema cancioneril. 

De hecho nada nos indica, o nos sugiere en las originales Obligaciones de un Francmasón, ni en los Reglamentos Generales la obligación en una divinidad como formula para ser admitido en una logia, y es más en el original capitulo 1 dice: “El Masón está obligado por su “ternure” a obedecer la ley moral, y si debidamente comprende el Arte, el no será jamás ni un estúpido ateo, ni un “libertino” irreligioso”. 

Pero es más las condiciones del artículo III, que Anderson confirma en 1738, de que no se niega la entrada en logia porque haya una no creencia, ya es bastante revelador, aunque sí observamos por ejemplo varias modificaciones con respecto al texto que se presentan de este modo en Las Obligaciones de un Francmasón (Extraídos de archivos de las logias de ultramar, de Inglaterra y Escocia e Irlanda y del uso de las logias de Londres) y cuyo capítulo 1º de 1723 se titula: Concerniente a Dios y la Religión, y se explaya de esta manera: “Pero aunque en tiempos antiguos los masones estaban obligados a pertenecer a la religión dominante en su país , cualquiera que fuere, se considera hoy mucho más convenciste obligarlos tan solo a profesar aquella religión que todo hombre acepta, dejando a cada un libre en su individuales opiniones es decir, que han de ser hombres probos y rectos, de honor y honradez, cualquiera que sea el credo denominación que los distinga” .

En cambio en la edición de 1738 podemos observar que el titulo ya es distinto se le denomina Las antiguas Obligaciones de los Masones libres y Aceptados. En ese famoso articulo primero también se observa un cambio (que subrayo) 1. Obligación. Concerniente a Dios y la Religión : Un masón está obligado por su “ternure”(carácter) a observar la ley moral, en tanto que Noachita, [una religión anterior al antiguo testamento y de dimensión universal, celebrada por un Noé transfigurado en “ un padre de todos los pueblos”] en tanto que comprende “craft” (Cofradía) no será jamás un estúpido ateo ni un libertino irreligioso.. En los tiempos antiguos los masones cristianos se tenían que conforman con las costumbres cristianas de cada país en el que ellos trabajaban o viajaban. Mas la masonería existe en todas las naciones de religiones diversas… 

En 1844 se produce otro cambio importante y el texto masónico por excelencia ya vuelve a presentar otro cambio en tu titulación, ahora es: Constituciones de la Antigua Cofradía de Masones Libres y Aceptados, conteniendo sus historias, obligaciones, reglamentos originalmente compilados por orden de la Gran Logia y extraídos de los antiguos archivos y tradiciones por James Anderson, y vuelve a repetir al punto de partida de 1723 “El Masón está obligado por su “ternure” (carácter) a obedecer la ley moral, y sí debidamente comprende el Arte, no será jamás ni un estúpido ateo, ni un “libertino” irreligioso”.

Como podemos ver hay toda una diferente interpretación de las Constituciones Masónicas originales que ya comienzan en la forma de titular los textos, y cuyas modificaciones nos están hablando de las diferencias conceptuales que estaban sosteniendo entre los “Antiguos y los Modernos” , las cuales finalmente se plasmaron pasando el tiempo en dos entes tan antagonistas como la Gran Logia Unida de Inglaterra y el Gran Oriente de Francia y que representan ese espíritu de los “antiguos y los modernos”. 

En este sentido el Gran Oriente se proclama heredero de las Constituciones de 1717 y 1723 ya que converge con ellas en que estima que para establecer una Humanidad de lazos fraternales entre todos los hombres, no se puede imponer ninguna creencia, estimando a su vez que la cualidad masónica no implica adhesión a un dogma determinado, a diferencia de lo que determina y enuncia la Gran Logia Unida de Inglaterra.
Estaba claro que detrás de todos esos cambios, había por parte de los “antiguos” ganas enraizarse en la tradición operativa que as u vez preconizaba todo un lazo de convicciones más profundas como los condicionamientos políticos y religiosos y teológicos.

¿La figura de Anderson en todo esto…? 

Habría que ir viendo como se desarrollan los lideratos en la Gran Logia de Londres y ver cuales eran las tendencias político religiosas de cada momento, puesto que las reuniones trimestrales que tenían para ir definiendo el futuro marco legislativo había determinadas luchas (...). 

Las cosas cambian en 1723, puesto que la tendencia de Desaguliers se coloca en primer lugar colocando al conde Dalkeith que deviene en Gran Maestre, viéndose Warthon relegado a “cubrir el templo”; y aunque Daniel Ligou, plantea que el conflicto fue más personal que ideológico o religioso, no hay que olvidar todo el entramado que nos ha contado en varias ocasiones P. Negrier sobre la composición y mixtura político religiosa y los desarrollos que se dieron de forma posterior, a comentados a su vez por Roger Dachez, y Meraux, lo cual me lleva a pensar que la tesis de Daniel Ligou desarrollada en la década de los años 90, hoy poca solidez ya que hay aportaciones historiográficas que vienen a demostrarnos que sí hubo detrás de la “Querella” y de las Constituciones algo más que desencuentros personales. 

El posterior ascenso del Conde Montagu hace que de nuevo Anderson cobre relieve y con él toda la vieja tradición de los “Antiguos Deberes” perdiendo pie el posible contrapeso de Desaguliers y más cuando ignoramos el rol que estaba jugando el defensor de la filosofía Natural, y portavoz de la Royal Society, en unos momentos en que el viejo Cristofer Wren dejaba paso a regañadientes a la nueva masonería. 

La figura de Desaguliers ha estado siempre un tanto desdeñada en Inglaterra, pese a que le fue fiel a la masonería hasta su muerte en 1744. Y aunque personalmente siempre creí que había sido Desaguliers quien había encargado el trabajo de la redacción de las Constituciones a Andersón, resulta según cuenta y documenta Daniel Ligou, que en la instalación del Conde de Montagu de septiembre de 1721 es éste el que le encarga al pastor Anderson la redacción del texto de los francmasones, en el cual intenta enlazar los “Antiguos Deberes” con las leyendas bíblicas en las que aparecen figuras como Adán o Zorobabel, eso sí mostradas sin llamativas heterodoxias y sin anacronismos y donde el “Templo” juega todo un papel culminante. 

Digamos que lo que hace Anderson es rebuscar en el viejo tronco de los “Old Charges” una rama nueva que viniera a redefinir esa nueva “operatividad” que propone emparentándola a su vez con los viejos Compañeros constructores de las catedrales. 

Pero no solo es literatura lo que estaba proponiendo Anderson, detrás de toda esa cáscara vieja de los Antiguos Deberes que estaba predicando se encontraba como el concepto de autoridad, (recuérdese las frases en las Constituciones sobre el Señor y servir al señor…) con ello estaba proponiendo de nuevo un fuerte control de la vida de las logias y por supuesto poder intervenir en los litigios; como deja claro el Manuscrito Cooke, y como reinterpreta Anderson con sabiduría en la aplicación del principio de la lealtad “apolítica de la Institución” a este respecto se debe tener en cuenta la gran presencia estuardista en las logias la cual además actuaba como una fuerza política, y por tanto, Anderson se plega a todo ello adaptando las viejas obligaciones corporativas a la nieva situación, intentando a su vez realizar un síntesis entre dos exigencias operativas tradicionales pero desprovistas de sentido en la nueva realidad de 1723. 

En una Inglaterra impregnada de luchas intestinas entre el catolicismo y las distintas ramas protestantes, entre los masones operativos que ven decaer su oficio y la nueva presencia de los llamados masones especulativos, es el escenario o el contexto en que nace la Gran Logia de Londres, y las Constituciones de Anderson los cuales intentan aunar dos mundos, por un lado los “Antiguos Deberes” que estaban presentes en los viejos gremios operativos con su constante referencia al dios de los cristianos , y por otro lado los nuevos adeptos los masones especulativos los cuales apuestan por una nueva apertura sin precedente que pregona una religión universal y como tal propone esa “religión y moral natural” como un punto de encuentro de los francmasones, tanto de los creyentes como de los agnósticos, o incluso los ateos. 

El choque entre la tradición que se quería adoptar marginando a la vez a los hombres que la mantuvieron, y los aperturistas con su religión natural, no hizo más que a poner en solfa los puntos de desencuentro entre los “Antiguos” que en ese momento lideraba Dermott, los cuales se reclamaban ese espíritu fuerte en las logias, mantenimiento del control en base a cierto desarrollo del paternalismo, que ya encontramos impreso en la vieja tradición operativa, a cuyos conceptos y praxis debemos sumar la exigencia para todos los masones de la creencia en Dios; lo cual contrasta fuertemente frente al elitismo y la modernidad de la apuesta que estaban expresando en esos momentos los llamados “Modernos”.


Los “Antiguos” por su parte optaran por modificar las Constituciones en 1738 adaptándolas a sus necesidades, eligiendo por ejemplo como Gran Maestro al miembro más antiguo, y mejor si esta fuera de sangre noble, y mejor imposible si además fuera Irlandés. 

Pero no solo eso sino que optaran por un modelo basado en el respeto al orden establecido, dado que esa era la esencia de la tradición operativa donde imperaba la figura del “paternitas” de cuya pérdida acusaban a los “modernos” tildándoles de esnobistas lo cual ya era grave en un momento en que la masonería estaba decayendo, aunque esas razones de la poca atracción hay que buscarlas para ser justos, tanto en unos como en otros, pues con sus acciones cooperaban a que la fraternidad fuera poco apetecible ya que cuando no se presentaba a la masonería como un juego de aristócratas ofreciéndoles los puestos más elevados de la Orden a modo honorífico, los cuales convertían en juegos florales el trabajo masónico con todo su riualismo fantasioso, lo cual unido a la revelación de los secretos masónicos y pertenencia y la incompetencia manifiesta de las grandes Logias, como la de Londres, que ni federaba logias, ni se ocupaba de ellas, lo cual finalmente arrojaba todo un panorama muy parecido al de “logias salvajes” en su peor acepción. 

Esta situación lo que finalmente conlleva es que los más temerarios formen una nueva Gran Logia, paradójicamente titulada como “Gran Logia de los Antiguos” que en julio de 1751, muertos Anderson y Desaguliers, pondrá en marcha Dermott en el albergue Turk´s Heat, situado en el centro de Soho de Londres, y cuyos orígenes habrá que buscarlos en la vena irlandesa y sobre manera en aquellos masones iniciado en la vieja Irlanda e inmigrados a Londres, como bien nos cuenta Patrik Negrier en “La Tulip”. 

La gran figura de esta nueva gran logia, y que lanzará de forma subliminal una nuevas Constituciones basadas evidentemente en las de Anderson pero a su vez modificadas y presentadas como digo, de una forma subliminal, bajo el titulo de Ahiman Rezón (Dublín 1760) (cuyo titulo ha movido a muchas especulaciones), es como dice Cecile Revauger: “Una obra , un poco heteróclita, compuesta de muchas partes, que antes de dirigirse al lector, presenta la parte intitulada Ahiman Rezon, una suerte de profesión de fe sobre los objetivos de la francmasonería, a lo cual sigue los “Antiguos Deberes” que representan palabra por labra a Anderson en diversos aspectos”. 

Todo ello estará inserto en el gran mundo filosófico que desarrolla la “Gran Logia de los Antiguos”, compuesta por católicos, e irlandeses y masones, que admite a los hombres de confesiones diferentes, incluidos los judíos, los cuales también son aceptados por los “modernos” además en un momento de crudo antisemitismo, pero estos últimos no llegan a modificar las reglas del juego masónico que marcan las Constituciones de 1717, pero para Dermott y los “antiguos” es necesario que ese magma estuviera presente en las constituciones de ahí el texto modificado de 1738; 


“ 1. Obligación. Concerniente a Dios y la Religión : Un masón está obligado por su “ternura” a observar la ley moral, en tanto que Noachita, y en tanto que comprende “craft” (Cofradía) no

será jamás un estúpido ateo ni un libertino irreligioso. En los tiempos antiguos los masones 
cristianos se tenían que conformar con las costumbres cristianas de cada país en el que ellos 

trabajaban o viajaban. Mas la masonería existe en todas las naciones de religiones diversas… 


Podríamos decir que pese al carácter en cierta manera universalista y de cierta tolerancia religiosa de los “antiguos” éstos rechazaban tanto a los deístas como a los ateos ya que no estaban en la base doctrinal adoptada por algunos teólogos anglicanos del siglo XVII, y que asumían los “modernos”, que para los “antiguos” estos interpretaban de forma laxa las enseñanzas cristianas, ya que defendían que había salvación fuera de la Iglesia, rechazando los dogmas, y dando preferencia a la razón sobre la Biblia y las tradiciones, interesándose más por la moral que por la doctrina y defienden una amplia tolerancia en materias religiosas. 

[1] No hay que confundir la Gran Logia de Inglaterra fundada en 1717 con la Gran Logia Unida de Inglaterra fundada en Diciembre de 1813, con la fusión de Gran Logia de 1717 con la Gran Logia de 1751. 


[2] Hay que comentar que las Constituciones de Anderson publicadas en 1723 fueron conocidas por las primeras logias francesas por la intermediación de las logias de Países Bajos y Alemania, y traducidas del inglés por Jean Kuenen en 1741. Diputado Gran Maestro de las Logias regulares de Holanda. En 1746 habrá otra edición un tanto diferente. Y las ediciones de la Tierce no son una traducción, sino una adaptación de los textos andorsianos.



Texto completo: ritofrances.es/ CIRCULO DE ESTUDIOS DE RITO FRANCÉS “ROËTTIERS DE MONTALEAU”