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jueves, 30 de enero de 2014

Ser masón, comunista y buena persona

Francisco J.·. Lifante



Ser masón y comunista, ateo y razonable está mal visto. Incluso en las Grandes Logias que en España operan, ya sean regulares o no, seculares o sí. En verdad creo que está mal visto debido a su propia naturaleza tendente al caos absoluto.



Hoy me senté agradablemente con unos hermanos dispuesto frente al arrós amb conill (arrós en conill, noveldero profundo), dando buena cuenta del susodicho animal despellejado sin rubor por parte de su verdugo y evidentemente sin el mío propio.



Volviendo a los temas ajenos a la gastronomía que tan hábilmente nos proporciona el eldero Jesús en su restaurante oriteño, oritense o como diablos se diga; hoy me senté compartiendo mesa con mis hermanos, mis camaradas, mi todo, pues ellos hablan, yo hablo de más, pero aprendo cuando callo, cuando el conejo y su acompañante granulado me pausa para escucharlos de manera forzosa y masticante.

Son mis hermanos, conscientes de sí mismos, de su clase, dueños de su instinto, cuyas palabras son aventuras o abismos, apresurándonos en la ininterrupción de los silencios. He echado de menos al no menos socialdemócrata con todas su letras y malestares, Manolo, y a Pineta, of course.

En Orito nos servimos argumentos. Hoy tocaba la teoría del caos, la termodinámica y sus aplicaciones, la entropía, y algún “hasta los huevos”.

Venerables horas las que me convierten en un lastre en cada salida a fumar, la temperatura ha bajado fuera para concentrarse en cada palabra, atentamente vigilada, expulsada tras el arroz que tal elocuencia nos concede.

Luis María, vehemente y razonable inquiere a la quintacolumna cintura. Yo sé que quiere masonería en estado puro, yo sé que quiere cada asunto desde su origen, a cada hermano sin distinción, y tiene un grave problema: no sabe ser malo.

La logia por aquí, su comité por allá, quiere paz, ésa tan difícil. Él sueña con un mundo sin injusticias, él sabe que es posible y lleva aportando granitos toda su vida, incluso de su propia paella que es un mundo redondo y desordenado.

Hablamos de la irregularidad, de HH.·. desaparecidos, y aguanta el Venerable su lágrima de cada día, se emociona al hablar del maestro Corrochano, actualiza todos sus homenajes, es hermoso, es un padre, es EL PADRE, de todos.

Los mandiles no sirven de nada si no se llevan con los méritos del amor a la totalidad de la condición humana. Quizás eso es ser masón, masón y comunista, cosa difícil, como el amor que lo provoca. He dicho, mi comandante.